viernes, 19 de mayo de 2017

Harry Potter, El mago de Oz, y otros libros que fueron prohibidos

A lo largo de la historia, la cultura en general y las obras literarias en particular han estado siempre entre los grandes damnificados cuando los poderes fácticos decidían qué tenían que pensar los ciudadanos. Para ello, no se andaban con remilgos y aprovechaban la más mínima oportunidad para quitar de la circulación aquellos libros que consideraban que podían perjudicar sus intereses. Sin embargo, en algunas ocasiones la decisión fue totalmente disparatada y carecía especialmente de sentido.


Sin ir más lejos, ¿qué maldad puede encerrar ‘Alicia en el País de las Maravillas’? Mientras la inmensa mayoría pensaba que la obra que Lewis Carroll publicó en 1865 era un cuento que ayudaba a despertar la imaginación de los niños, un gobernador chino consideró que podía representar una amenaza para los más pequeños. A juicio de Ho Chien, el responsable de la censura, existía el peligro de que al leer las aventuras de Alicia junto al Sombrero Loco y el Gato de Cheshire, los niños y niñas pensaran que los humanos y los animales eran semejantes. Fue por ello que lo vetó en la región china de Hunan y, aún a día de hoy, en las guías de viajes se aconseja a los visitantes que vayan a esta zona del país asiático que no lleven el libro. Por lo que pueda pasar.

Pero no hay que irse hasta la China, donde la censura está a la orden del día en pleno siglo XXI, para encontrar casos en que libros totalmente inocentes acabaron por ser prohibidos por las autoridades. En distintas regiones de Estados Unidos, por ejemplo, se retiró de las bibliotecas y las escuelas publicas el libro ‘El maravilloso mago de Oz’. El motivo que esgrimieron las autoridades allá por los años 30 y 50 del siglo pasado para tomar dicha medida fue que aparecían en el libro una serie de personajes “ímpios” como brujas o monos voladores. En Chicago, por su parte, la obra de Frank Baum fue censurada por la mala influencia que, según los retrógrados dirigentes, suponía que una mujer como Dorothy asumiera el liderazgo de un grupo.


Aunque algo menos inocente, pero desprovisto totalmente de maldad o ideas perniciosas, ‘Doctor Zhivago’ es otra de las más destacadas obras literarias de todos los tiempos que fue vetada en un momento histórico determinado. El libro de Borís Pasternak, que fue publicado en Italia en 1957, estuvo prohibido en la Unión Soviética hasta 1988. Las aventuras y desventuras del protagonista, un joven médico y poeta, no acabaron de contentar a los mandatarios soviéticos, que creyeron ver pasajes con ideas antibolcheviques. Tampoco les gustaba especialmente que el protagonista antepusiera su bien personal al del estado. Y menos les gustó ver todo esto condensado en una película de Hollywood que consiguió cinco premios Óscar.

Por esto mismo, fue el propio Nikita Jrushchov, Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, quien, sin siquiera haber leído la obra de Pasternak, ordenó cargar tintas contra el escritor. Fue expulsado de la Unión de Escritores Soviéticos y la presión fue tal que incluso rechazó el premio Nobel de Literatura que le concedieron en 1958.

¡Hasta el mismísimo Harry Potter!
Por descabellado que parezca, la totalmente inofensiva historia de la escritora británica J.K. Rowling también ha acabado siendo víctima de la censura. De hecho, los primeros tomos de la saga de Harry Potter están a la cabeza de los libros más censurados de Estados Unidos. Son muchos los que han llegado a quemar los libros del mago de Hogwarts en señal de protesta, porque consideran que promueve la brujería y el ocultismo. Pero no solamente en territorio estadounidense esta obra ha pasado por dificultades, sino que también sucedió en los Emiratos Árabes e incluso en algunas escuelas británicas.

Lo que más llama la atención no es solamente que acabasen por prohibir un libro tan aparentemente inofensivo, sino que se llegaron a vivir situaciones tan sumamente disparatadas como que en un colegio canadiense exigieran a sus alumnos una autorización expresa de los padres en la que se indicase que les permitían leer las historias del joven mago de Hogwarts.


Aunque para disparatada, la situación que vivió Martin Handford cuando censuraron en Estados Unidos el primer libro de su personaje, Wally, porque en la playa aparecía una chica haciendo topless. Por si fuera poca la agudeza visual que exigía el libro ‘¿Dónde está Wally?’, los censores fueron un paso más allá para acabar por descubrir cómo una chica que se había quitado la parte superior del bikini y estaba tumbada boca abajo, estaba mostrando sus senos a un señor situado enfrente de ella por culpa de las travesuras de un niño que andaba por allí. Pero ahí no terminó la broma, ya que este libro se convirtió en uno de los más censurados en Estados Unidos durante la década de 1990.


Pero lo que ocurre en EEUU va más allá de unos senos. Cada año la Oficina por la Libertad Intelectual publica una lista con los diez libros que con más frecuencia han sido censurados por las bibliotecas de Estados Unidos. El libro infantil ‘Tres con Tango’, que cuenta la historia de una pareja de pingüinos homosexuales que adoptan un pingüinito sigue siendo el coco de las instituciones de mente más estrecha, aunque lo realmente sorprendente es la entrada en el tercer puesto de la lista de ‘Un mundo feliz’, la novela distópica de Aldous Huxley. También anda encabezando la clasificación ‘Crepúsculo’ (Twilight), la saga de vampiros de Stephenie Meyer.


Puede que los bibliotecarios hayan retirado de las baldas los vampiros de ‘Crepúsculo’ por mala, lo que resulta intolerable aunque comprensible. Ahora bien, ¿a qué puede deberse la censura a la novela de Huxley, considerada la quinta mejor novela en inglés del siglo XX?

En la época de su publicación (1932) el libro sufrió los embates de la censura, que consideraba que el libro atentaba contra los valores primordiales de la sociedad. Imbuidas por la creciente atmósfera de corrección política, las bibliotecas públicas estadounidenses restringieron durante años el préstamo o retirando el libro de sus fondos por su “lenguaje ofensivo, racismo, insensibilidad y contenido sexual explícito”.

El espíritu de ‘La Colmena’

En el otro lado del atlántico también se han vivido episodios de este tipo. Algunos de ellos, sumamente peculiares. Por ejemplo, una de las principales obras de Camilo José Cela, ‘La Colmena’, no pasó el filtro de la censura y tuvo que publicarse en Argentina allá por el año 1951. Lo más curioso de este caso es que el propio escritor era censor por aquella época. El año pasado, cuando se cumplieron 100 años de su nacimiento, una edición conmemorativa de su emblemática obra sacó a la luz unos pasajes inéditos que fueron eliminados por la censura y que el escritor pudo usar de “cebo” para que el resto del texto de la obra saliera adelante (“un par de barbaridades” sabiendo que iban a ser eliminadas por la censura franquista y así poder salvar el resto del libro). Un claro ejemplo del cazador cazado.




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